Viajes a la Luna
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El último discurso de Julián
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-¡Ah!- exclamó-. Estoy en la celda de los condenados a muerte!... ¡Es natural!... Me refería en una ocasión el conde de Altamira que Dantón, la víspera de su muerte, decía: «El verbo guillotinar es defectivo; carece de algunos tiempos o personas: se puede decir: yo seré guillotinado, tú serás guillotinado... pero no yo he sido guillotinado», a no ser que haya otra vida... ¿La habrá? Si la hay, y en ella me encuentro al Dios que pintan algunos cristianos, un Dios vengativo, estoy perdido... Pero si encontrase al Dios de Fenelón... ¡quién sabe si me diría « te será perdonado mucho porque has amado mucho... »! ¿Pero es que he amado mucho? A nadie he amado tanto como a la señora de Rênal, y he querido asesinarla... En esa circunstancia de mi vida, como en todas, desdeñé el mérito sencillo y modesto para correr tras lo que brillaba...
«¡Verdad es que la perspectiva era tentadora! Coronel de húsares durante la guerra, secretario de legación en tiempo de paz; embajador muy pronto... porque muy pronto me hubiese impuesto en la ciencia diplomática, y aun suponiendo que toda mi vida hubiera sido un majadero, al yerno del marqués de la Mole no habrían podido negarle nada. Mi mérito habría brillado por doquier, hubiese vivido yo fastuosamente en Berlín, en Londres... y seré guillotinado dentro de tres días- terminó, soltando una carcajada-. ¡Sí, amigo Julián! ¡Dentro de tres días, la cuchilla de la guillotina cercenará tu cabeza! Cholin alquilará una ventana a medias con el cura Maslon... ¿Cuál de estos dos personajes robará al otro, cuando hayan de pagar el importe del alquiler de la ventana?
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Stendhal , Rojo y Negro, Cap. XLII